Como todos bien sabemos la Orden es esencialmente Iniciática y éste es un valor absolutamente diferencial respecto de cualquier otra institución de las que intervienen en el quehacer cotidiano de la sociedad contemporánea.
Existen cuatro elementos sustanciales que compendian nuestro carácter Iniciático y ellos son: a) Nuestros rituales y sus ritos (continente y contenido); b) la simbología masónica; c) la filosofía masónica y d) la doctrina masónica que se desprende de los elementos anteriores.
Como bien podemos apreciar, entonces, dentro del primer punto de nuestro compendio Iniciático figuran, precisamente, los rituales. Nuestros rituales son un "corpus" completo y autosuficiente de normas que regulan el trabajo masónico en los Talleres a lo largo y ancho del planeta, de manera uniforme y energizante.
Así es que, una vez que trasponemos el umbral del Templo, nuestro primer trabajo es el de aprehender y adentrarnos en el conocimiento del Ritual; ese trabajo de aprendizaje tiene como objetivo el incorporar el Ritual a nosotros mismos, hacerlo nuestro, generar la suficiente empatía con él para que en nuestro trabajo masónico todo fluya debidamente.
En efecto, si bien antes he definido al Ritual como un "corpus" autosuficiente no es menos cierto también que la enseñanza del simbolismo y de la energía que de él se desprende, no puede lograrse si no estamos consustanciados con su práctica en forma adecuada. No debemos olvidar que el Ritual constituye, a su vez, la emulación del movimiento de lo macro en nuestro micro mundo con toda la carga, precisamente, de simbolismo y energía que ello conlleva. Es menester, en tal sentido, ¡recordar que el Ritual aglutina al conjunto de ritos para la celebración de una función excelsa!!!
El conocimiento y la práctica del Ritual han de ser un ejercicio constante para nosotros como Iniciados, pues también es central resaltar que el ritualismo que se da a lo largo de los 33 Grados de la Orden constituye aproximaciones sucesivas a las distintas facetas que han de completarnos en el camino de la Transformación que hemos emprendido al Iniciarnos.
Del resumido cuadro anteriormente expuesto se desprende con meridiana claridad que el Ritual en sí mismo, su aprendizaje y su cabal puesta en práctica constituyen una piedra basal y angular en nuestro sendero Iniciático y que "a contrario sensu" la falta de constatación de dichos requerimientos atentan directamente contra nuestro perfeccionamiento como Masones Iniciados. Tengamos siempre presente que uno de nuestros principales enemigos, la ignorancia, acecha constantemente a nuestras puertas y si ella lograra perforarnos en nuestros requisitos esenciales, entonces los vicios de la profanidad nos penetrarán y así nuestro sendero Iniciático y nuestra Misión se verán irremediablemente desvirtuados, con pérdida de la esencia de lo que somos y representamos como Orden Iniciática.
Una última consideración para no extenderme en demasía en estas pocas consideraciones acerca de la importancia del Ritual, importancia qué en estos tiempos, a no dudarlo, resulta primordial. En efecto, hemos de observar que la humanidad se encuentra enfrentada a grandes desafíos que conllevan profundos cambios de paradigmas con destino aún incierto; hemos de observar asimismo que en estos tiempos de veloces cambios nuevos conceptos asoman en nuestra cotidianeidad, algunos de los cuales se hayan impregnados de una fortísima dosis de relativismo, facilismo y ausencia de contenidos éticos, tales como la post verdad o la verdad líquida. ¡Pues bien, fácil es colegir que en la tarea a la que estamos llamados de transformarnos y posteriormente de formar, el Ritual y su debido conocimiento, interiorización y ejecución se alzan como una barrera infranqueable en nuestro interior para evitar que aquellos conceptos disociadores que atentan directamente contra la dignidad del Ser Humano se expandan sin ataduras por el mundo, dotándonos de una fuerza primaria fundamental para enfrentarlos!
NO OLVIDEMOS NUNCA QUE LAS ENSEÑANZAS CONTENIDAS EN NUESTROS RITUALES CONSTITUYEN UN FARO DE CONOCIMIENTO INICIÁTICO QUE ALIMENTA Y PERFECCIONA PERMANENTEMENTE NUESTRO SER INTERIOR.